En el principio, Magnegia fue una idea.
Una inquietud silenciosa, una chispa que nació del deseo de formar, acompañar y creer en el talento cuando aún está en proceso. No surgió para competir, sino para construir; no para imponer, sino para caminar junto a otros.
Así comenzó Magnegia: como un espacio donde el ajedrez se convierte en lenguaje, disciplina y espejo del crecimiento personal. Un lugar donde cada movimiento importa, donde cada error enseña y cada avance se celebra con alegría y compañerismo.

Hoy, con el inicio de un nuevo año, Magnegia también inicia una segunda fase.
No es un reinicio, es una evolución.
La primera etapa nos dio identidad: nos enseñó quiénes somos, qué soñamos y por qué hacemos lo que hacemos. La segunda fase llega con una visión más clara, con bases más firmes y con el compromiso de seguir creciendo junto a nuestra comunidad: alumnos, familias, entrenadores y aliados que creen en este proyecto.
Nuestra visión
Magnegia existe para formar personas antes que jugadores, mentes antes que resultados. Creemos en el proceso, en la constancia y en la formación integral. Aspiramos a ser un referente donde el aprendizaje sea profundo, humano y sostenible, donde cada alumno encuentre un camino propio dentro del tablero y fuera de él.
Este nuevo año nos invita a mirar hacia adelante con esperanza, a planear con intención y a mover cada pieza con sentido. La segunda fase de Magnegia trae consigo nuevos retos, nuevas herramientas y nuevas oportunidades, pero conserva lo más importante: su esencia.
Porque Magnegia no es solo una academia.
Es una historia que se sigue escribiendo.
Y este año, el tablero vuelve a estar listo.
“Magnegia nació como una idea, pero hoy es una decisión: creer en el proceso, formar con intención y construir algo que trascienda el tablero.”

